Romper el hielo
Encontrar las palabras "correctas" para ofrecer ayuda puede resultar difícil para muchos. Si la persona que le preocupa ha sido diagnosticada o usted simplemente sospecha que el ser querido podría tener depresión, sacar el tema de conversación no tiene que ser complicado o resultar incómodo. De hecho, puede que le sorprenda darse cuenta del alivio que supone para esa persona tener a alguien en quien poder confiar.
¡Preparados, listos... a hablar!
Cuando se habla sobre la depresión, la clave para tener una conversación con éxito está en mostrar preocupación y compasión sin hacer juicios de valor. Evite mencionar los errores que la persona pudo haber cometido en el pasado para comenzar la discusión; asimismo, evite el lenguaje negativo. Por el contrario, piense en estas ideas que le brindamos si alguien ya le ha mencionado su diagnóstico:
- "He estado leyendo sobre depresión después de que mencionaste que te habían diagnosticado la patología y si decides que quieres ayuda, no tienes que pasar por esto tú solo/a".
- "¿Te ha recomendado tu médico que establezcas algunos objetivos? Si es así, ¿puedo ayudarte a desarrollar un plan para que te ayude a volver a sentirte tú mismo/a?"
- "Me alegro de que tu médico te haya recetado un tratamiento para la depresión, pero ¿qué vas a hacer con las pequeñas cosas que todavía te están estresando? Estoy aquí para ayudarte si necesitas algo".
- "Si tu depresión hace que te parezca imposible realizar tareas que antes te resultaban sencillas, estoy aquí para ayudarte siempre que lo necesites".
Qué decir cuando sospechamos que un amigo o familiar está deprimido:
- "¿Te has dado cuenta de que últimamente no eres tú mismo/a? ¿Has pensado en ver a un profesional médico? Puedo acompañarte, si te sientes nervioso/a".
- "¿Crees que un médico te podría ayudar a volver a ser tú mismo/a? ¿Me dejas que te ayude a encontrar a un profesional?"
- "Parece que últimamente te está costando mucho afrontar los problemas. ¿Has pensado en buscar ayuda profesional? No tienes que pasar por todo esto tú solo/a".
Si no se tiene éxito en un primer momento
Muchas personas son reacias a aceptar ayuda. Puede que rechacen su oferta por múltiples razones: vergüenza, no comprender la envergadura de la patología, sentimientos de minusvalía o miedo a perder su independencia. Si esto sucede, no se preocupe. Todavía no ha llegado el momento de que la persona acepte su ayuda. No fuerce la situación de momento. Siga persistiendo con el tiempo, pero con tacto. En esta situación lo más importante es que anime a la persona a buscar ayuda o a que continúe viendo a su profesional de la salud.
